Qué Creemos
Nuestros valores
Nuestros valores son nuestras convicciones centrales acerca de por qué hacemos lo que hacemos. Los valores comunican lo que es importante para nosotros, inspiran las personas a actuar y conducen el ministerio en la toma de decisiones, en establecer metas y determinar prioridades.
Creemos que la oración y un espíritu de dependencia de Cristo son imperativos para nuestra misión. Creemos que podemos hacer muchas cosas pero nada que produzca verdadero fruto sin la intervención divina. (Juan 15:5)
Creemos que la adoración genuina es una rendición diaria de toda nuestra persona a la voluntad de Dios. A través de nuestras reuniones y encuentros buscamos profundizar, fortalecer e incentivar una vida de entrega completa a Dios. (Romanos 12:1,2; Mateo 22:37,38)
Creemos que la enseñanza que Dios utiliza para producir verdaderos cambios en nuestro corazón, y en nuestra vida, involucra tres dimensiones: la predicación expositiva, la enseñanza en grupos pequeños, y las relaciones cercanas de discipulado.
‣ La predicación expositiva involucra tomar un pasaje central en su contexto original para aplicarlo correctamente en el poder del Espíritu Santo a nuestras creencias y conducta hoy. Históricamente vemos como Dios ha usado este medio de manera poderosa para impulsar una transformación divina del corazón. (2 Timoteo 3:16,17; Esdras 7:10)
‣ La enseñanza en grupos pequeños que produce cambios es una en donde se utilizan buenos materiales que son bíblicos, interactivos y prácticos, guiados por una persona
‣ Las relaciones cercanas del discipulado son relaciones en las cuales una persona acerca a otra para desafiarla a caminar con Cristo en cada área de su vida espiritualmente madura.
Creemos que el llamado del cristiano de seguir a Cristo ocurre en el contexto de una comunidad. Jesús dijo que todos sabrían que somos de Él si nos amamos unos a otros. Hemos sido llamados a servirnos unos a otros usando nuestros dones espirituales para la edificación del cuerpo. Hay una variedad de mandatos que la Biblia nos llama a ejercer en el contexto del cuerpo tales como:
‣ “Amaos unos a otros entrañablemente” 1 Pedro 1:22
‣ “Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales” Efesios 5:19
‣ “Servíos por amor los unos a los otros” Gálatas 5:13
‣ “Estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras” Hebreos 10:24
‣ “Tenemos comunión los unos con los otros” 1 Juan 1:7
Creemos en la importancia de comunicar la verdad del evangelio de una presentación y encarnación de ese mensaje varía de acuerdo a la cultura y a la manera culturalmente relevante. El mensaje eterno no cambia pero la generación que se le presenta. (1 Corintios 9:13-23)
Creemos que debemos mostrar a Jesucristo teniendo una presencia compasiva en nuestra comunidad. Como iglesia queremos ser conocidos por ser una iglesia que se preocupa por las necesidades físicas, emocionales, materiales de nuestro entorno en maneras prácticas y compasivas sin perder de vista la prioridad de las “Y que nuestro pueblo aprenda a ocuparse en buenas obras, atendiendo a las necesidades espirituales de las personas. necesidades apremiantes, para que no estén sin fruto” Tito 3:14
Creemos que la Gran Comisión involucra cumplir nuestra misión como iglesia no sólo en nuestra ciudad sino también en toda etnia y nación. (Mateo 28:19,20)
Confesión de Fe
Creemos que para ser un miembro activo de la Iglesia Bíblica de City Bell uno debe estar de acuerdo con todas estas creencias básicas que tenemos como iglesia. Si por alguna razón tu opinión difiere de la que sostenemos en este documento, te pedimos que le expliques al pastor en qué diferís. Si bien uno puede discrepar en algunos puntos doctrinales (no esenciales), estamos convencidos que la Biblia nos manda a proteger la sana doctrina para resguardar la unidad (1 Timoteo 6:3-5).
Creemos que la Biblia en su totalidad fue inspirada por Dios. El Espíritu Santo guió a los autores humanos a escribir cada palabra de la Biblia sin menospreciar la personalidad y circunstancias de cada autor. Cada palabra en los originales fue escrita sin error y es verdad en toda materia ya sea de fe o de historia. La Biblia es la autoridad final para la fe y conducta de la iglesia y de cada creyente que la compone.
(2 Timoteo 3:16-17, 2 Pedro 1:21)
Creemos que existe un sólo Dios verdadero que existe eternamente en tres personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Cada miembro de la trinidad posee una personalidad propia y a la vez son de la misma sustancia, un sólo Dios. Cada miembro posee los mismos atributos, la misma naturaleza y es digno de la misma adoración y obediencia.
(Génesis 1:1, Deuteronomio 6:4, Mateo 28:19, Juan 1:1-3, 14, Juan 10:30,
2 Corintios 13:14, Hebreos 1:1-3)
Creemos que El Hijo de Dios existió eternamente, se encarnó en el Señor Jesucristo siendo engendrado milagrosamente por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Él es completamente Dios y completamente hombre, vivió una vida sin pecado, murió físicamente en la cruz y resucitó corporalmente tres días después.
(Juan 1:1,14,18; 5:18; Hebreos 1:1-9; 5:8; I Juan 5:20; I Timoteo 2:5; I Corintios 15:1-5)
Creemos que el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios. En Adán toda la humanidad participó del pecado original. Como consecuencia todo hombre está espiritualmente muerto, separado de Dios y con una naturaleza que ha sido afectada en su totalidad por el pecado. Creemos que fuera de la intervención e iniciativa de la gracia divina el hombre está imposibilitado para remediar su situación pecaminosa delante de un Dios Santo.
(Génesis 1:26; 2:17; 6:5; Salmos 14:1–3; 51:5; Jeremías 17:9; Romanos 3:23, 5:12; Efesios 2:1–3)
Creemos que el propósito de la muerte de Cristo fue ser un sustituto para el pecador. El sacrificio de Cristo fue voluntario y suficiente para satisfacer el castigo que merece el pecado del hombre delante de un Dios Santo. No hay obra, acto religioso, mérito, experiencia o conocimiento que sea suficiente para obtener la salvación. La única manera que el hombre puede ser salvo es depositando su fe en la muerte y la resurrección de Cristo como único medio de salvación. Es imposible que el creyente verdadero pierda su salvación
(Juan 10:29, Romanos 8:29-30, Hechos 4:12, 1 Corintios 15:1-4, 2 Corintios 5:21, Efesios 2:8-9)
Creemos que el Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad. Creemos que el Espíritu Santo produce el milagro de la conversión, viene a morar permanentemente en el creyente, y lo bautiza y sella en el momento en que la persona cree en el evangelio. Un aspecto importante del ministerio del Espíritu Santo involucra glorificar al Hijo de Dios. Creemos también que el Espíritu Santo distribuye dones a los creyentes para la edificación del cuerpo y da poder al creyente para la obra del ministerio.
(Mateo 28:19; Juan 3:3-7, 15:26, 16:14; Tito 3:5; 1 Corintios 6:19; Romanos. 8:9; 1 Corintios 2:12; 12:13; Efesios 1:13, 4:30; Colosenses 3:14)
Creemos que a cada creyente se le promete santificación (crecimiento en santidad). Dios da al creyente salvación de la pena del pecado y del poder del pecado en esta vida. Solamente en la vida venidera se le promete al creyente salvación de la presencia del pecado.
(Hebreos 10:10,14; Juan 17:15-17; Efesios 5:26-27; I Tesalonicenses 4:3,4; I Juan 1:8-10, 3:2; I Corintios 6:11)
Creemos que la verdadera iglesia está compuesta por toda persona que ha nacido de nuevo. La iglesia existe en dos aspectos: invisible y local. La iglesia invisible existe a través de todos los tiempos y contiene todos los cristianos verdaderos de distintas culturas y denominaciones. La iglesia local es un grupo de personas que profesan ser cristianas que se organizan para hacer la voluntad de Dios en una localidad. Creemos que la iglesia como cuerpo de Cristo existe para que sus miembros adoren a Dios, para que crezcan como discípulos de Cristo, se sirvan mutuamente utilizando sus dones espirituales, tengan relaciones auténticas (comunión) y muestren a Dios al mundo.
(Mateo 16:16-18; Hechos 2:42-47; Romanos 12:5; 1 Corintios 12:12-27;
Efesios 1:20-23, 4:3-10; Colosenses 3:14-15)
Creemos que la Biblia menciona dos ordenanzas que la iglesia debe practicar: La cena del Señor y el bautismo. Jesús estableció que la cena se practique con regularidad recordando su muerte y esperando su regreso. El bautismo con agua es un testimonio público de la persona que ha creído en Cristo para su salvación. La inmersión completa es la manera ideal para practicarlo como vemos en las Escrituras. Las ordenanzas se practican no como medios para obtener salvación sino en obediencia a los mandatos de Cristo.
(Mateo 28:19-20; Hechos 8:12, 36-38; 1 Corintios 11:23-26)